Con el permiso del Lenin, el realista socialista empedernido, o sin su permiso.
Tengo la tabaquería de un ángel negro y fascista en los huesos, mis huesos, los huesos rotos o quebrados por el ojo de los semáforos, la parca barra de quilombo que no te dice nada y a la que no le dices nada, como estas frases estúpidas que acabo de improvisar, sin mas sentido que el cigarrillo que acabo de encender, sin mas sentimiento que el del niño que va a la escuela en la mañana.
Si la literatura es nazi o comunista no es mi problema, porque dios existe y a la vez lo humillaron desnudo hasta que el comunismo triunfó. En los museos de histeria abundan cuadritos de señoras gordas con las vaginas en la cabeza. Perdónenme jóvenes si les hago caso, pero no hay caso con ustedes. Ya me voy.
Al ladrón! Hay que saber masturbarse! Te toca, amada, mientras me alforzas las piernas y me agrietas la frente. Sobre las tardes que se aferran a la resurrección vuelan mendigos más sabios que nosotros, y nos arrojan mierda en la cabeza por ser tan infantiles. Más allá de las infecundas fronteras de la explotación, acaecen hechos circulares, como simples ruedas que golpeábamos a dos manos para correr tras ellas, o en las cuales nos recluíamos para desafiar al caminar rutinario, el cliché del amor de manos entretejidas o de los besos inescrupulosos con el empalago. Mercenarios hablando de los Alpes, y nunca estuvieron en los Alpes. Yo nunca estuve en la cama de esa mujer, y sin embargo gritaba sobre mi como una ambulancia.
Sobreviva imbécil, redacte su mejor carta, allane su mejor vida, queme su mejor libro.
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